Sobre “Príamo, aquí yacen los restos de Héctor” de Jorge Reinun

Antes que el mejor de los aqueos paseara el cadáver de Héctor y frente a la súplica decidiera entregar los restos del guerrero a su padre, este disfrutó una temporada en el gineceo de Licomedes. Una especie de club para doncellas en el que nuestro héroe, a modo de camuflaje, puso en práctica el travestismo. La idea era —según su propia madre— evitar la muerte de Aquiles en el campo de batalla, tal y como (previamente) había anunciado el oráculo. 

Digo esto a raíz del nombre que lleva el disco doble Príamo, aquí yacen los restos de Héctor (Sello Precario 2020) de Jorge Reinun (Buin-1986) y como recuerdo de la primera vez que lo vi tocar: lucía un vestido de encaje a mal traer, media moica, marcas de tinto y rimel a mitad del párpado. Semioscuras en un escenario sin banda, ni pedales, ni todas las cuerdas de una guitarra afinada al revés. Había rabia, eso sí, y bastante disonancia. Una metralla de palo descargando cólera sin culpa ni miramiento, cual venganza oculta a la vista de todos. Sin embargo también había amargura. Y por supuesto fatalidad.

Desde entonces —hace casi una década— Reinun guardó silencio, tomó distancia y mantuvo inéditos los 21 temas que componen esta producción a cargo del también músico Daniel Jesús Díaz (Ramírez Neira) y del propio cantautor.  Afortunadamente, poco o nada se perdió durante el registro. La crudeza del ruido barrial continúa intacta: botellas, ladridos, negación y rechazo, como si se tratara de un delicado elogio a la violencia. 

De este modo, el resultado es un disco donde el autor divaga. Se enfrenta a sí mismo. Canta para nadie. Evita sostener discurso ni lema alguno. Desafina. Habla con sus muertos. Se arrepiente. Y en medio del machaque y el rasgueo nos deja oír versos como: «mas ni una luz entre el negro se ve». Entonces, si la música posee la capacidad de afectar el ánimo y de alterar nuestra percepción del mundo, Príamo resulta un viaje visceral saturado de acoples folclórico-punketas. Un cargamento letrístico jugado en lo irremediable; pero ya no como suerte transada a cambio de un destino heroico sino como un crimen al que resulta imposible hacerle el quite: «No es mi esquina y no me esperan», diría Reinun. O como un viaje emprendido a tientas contra toda voluntad.

Por Juan Malebrán


Publicado por Sello Precario

Más que un sello, una plataforma digital de difusión con enfoque crítico sobre la estandarización en la música.

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