Isma Rivera toma la palabra a un año y medio de “La última cena de los buitres”

Hablamos con Isma Rivera, poeta y cantor detrás del celebrado disco La última cena de los buitres (2019). Trabajo que vino a inaugurar el año pasado una de nuestras colecciones de discos precarios favoritas, “Cuerda Vocal”, dedicada a discos que cruzan música y poesía o que musicalizan poemas.

1. A año y medio del lanzamiento de La última cena de los buitres ¿Qué recordai del proceso de gestación del disco? ¿Podríai relatarnos cómo fue con lujos y detalles?

Tras la propuesta de grabar un disco como solista que me hace Daniel Jesús Díaz, artista y músico detrás del estudio andante “La pieza oscura” y de propuestas como Ramírez Neira, comenzamos a ver cuánto material había como para hacer un disco. Parte de este se fue definiendo en el proceso mismo de grabación, cuando logramos encontrar el concepto que queríamos abordar. Por el hecho de ser parte de la colección “Cuerda Vocal” de Sello Precario, la propuesta fue darle a la voz la labor de médula sonora. A partir de esta idea, la selección de las canciones a trabajar fue dándose de forma orgánica. Fue el caso de “La Tormenta”, poema de Rafael Rubio musicalizado por Daniel con anterioridad, que decidimos incluir en el disco. O la creación de “A mí también me duele Chile”, la cual se cuajó en un viaje a Copiapó para finalizar las grabaciones, tras haber discurrido en la idea de grabar un rap sin rima. El poema formaba parte de mi primer libro, del año 2010, y quería incluirlo sí o sí. Daniel creó una base rítmica en la guitarra y en dos tomas ya teníamos lo que terminarían siendo los cimientos de la canción. En el caso de “La última cena de los buitres”, la línea vocal era la única existente. Cristian Olea le creó una guitarra eléctrica y Juan Morel unas melodías en teclado para las sesiones en vivo de La Vitrola, pero otra cosa fue al momento de grabarla en el disco. Daniel compuso nuevos teclados y le agregó arreglos y bases rítmicas hasta transformarlo en esa mezcla entre The Smiths y Los Ángeles Negros. Así, cada canción se fue armando como una sucesión de colaboraciones, influencias diversas, y diálogos que fueron enriqueciendo el sonido. “Impostores sustitutos”, tema que cantaba originalmente con Errante, en la versión del disco se asemeja mucho más a una tonada campesina que a un vals rockero. El color de cada canción fue trabajado en base a lo que se quiso transmitir conceptualmente, entendiendo las influencias de cada uno de sus participantes. De ahí el sonido heterogéneo que habita el disco.

2. ¿Podríai relatarnos también cómo el disco se transformó en un concierto multidisciplinar?

Fue un proceso intenso, sin duda, pero muy especial. Un trabajo colectivo al que se fue sumando gente desde que se concibió la idea: hacer una pieza que incorporara elementos teatrales, musicales y poéticos. Esto implicó comenzar a buscar un equipo que pudiese llevar a cabo esta propuesta, y algo no menor, un espacio adecuado. Daniel Jesús Díaz, principal compositor y productor del disco, se hizo cargo de la dirección musical. Maritza Farías, actriz, directora y activista feminista, guió la dirección escénica. Gabriela González realizó la iluminación y diseño. Maximiliano Gómez se encargó del sonido y Santiago del Valle, colega músico, hizo de técnico en escenario. Javiera Vío tomó el rol de producción el día del concierto. Mientras este equipo iba tomando forma, fuimos viendo espacios que permitieran una cantidad importante de espectadores y albergaran de la mejor forma posible la puesta en escena. El Anfiteatro Bellas Artes se transformó así en una obsesión y decidimos correr el riesgo. Autogestión y trabajo colectivo fue la consigna. Teníamos que llenar el teatro sí o sí. 

En la parte musical, comenzamos los ensayos a distancia. Daniel, desde Copiapó, nos mandó sus pistas. Con Juan, el otro integrante de la banda, tocamos así durante dos semanas, hasta la llegada de Daniel. Una vez juntos, comenzamos a ensayar con el guión que nos pasó la Mari, el que incluía desplazamientos y acciones. Se sumó también la actriz y cantante Carla Gaete, acompañándonos en tres canciones. Paralelo a esto, el Sello preparaba las copias del disco, todo hecho a mano y todo el equipo avanzaba en cada detalle. La venta de entradas fue por los canales del Sello, redes sociales y la siempre amiga Librería Pedaleo. 

Al Anfiteatro tuvimos acceso el mismo día del concierto, a las 3 de la tarde, haciendo la previa un poco caótica. Comenzamos temprano junto a Tomás Ahumada, quien se puso con el flete, yendo a buscar los equipos y la escenografía. El resto fue darle materialidad a lo que había comenzado a gestarse unos meses antes. Creo que haber trabajado junto a un equipo de tanta experiencia y con tan alto nivel de compromiso permitió que todo resultara bien. El resto ya se sabe. Ese día el Anfiteatro se llenó. A veces se olvida la cantidad de personas que hay detrás de un concierto, muchxs se quedan con quienes aparecen en el escenario. La verdad es que cada unx de quienes se hicieron parte de La última cena de los buitres fue fundamental. 

Presentación en anfiteatro Bellas Artes, Santiago de Chile (31 de enero de 2019)

3. ¿Podríai explayarte en la relación poesía y música de tu propuesta? ¿Cuál es tu autopercepción de la misma? ¿Hay una o varias metodologías de trabajo?

Hace varios años, en una conferencia que daba Maturana en la Quinta Normal, le preguntaron por el lenguaje como parte del proceso autopoiético del ser humano, el lenguaje como formador de naciones y tradiciones. La necesidad de comunicar para reafirmar la existencia, el Yo proyectado en relación, materializado. Respondió el biólogo que las palabras literalmente nos tocan, que el sonido viaja en ondas que nos atraviesan y que tocan nuestros oídos. De esta forma, la audición derivaría del tacto, y nuestros oídos serían herencia de las agallas que los peces poseen y que les permiten percibir las vibraciones del agua. Esta idea me quedó grabada y desde ahí empecé a concebir la declamación, a la cual no separo del cante, ya que comparten origen con la poesía. Me interesa trabajar la voz desde el borroneo de la frontera entre la palabra hablada y el cante, difuminar sus límites a partir de lo que el texto va pidiendo. Trabajo a sabiendas de que las palabras tocarán los oídos de quienes escuchen. Me interesan las posibilidades de la oralidad. No creo casual que la dimensión oral de un texto cobre mayor relevancia en lugares en que la opresión es pan de cada día. Es aquí donde se manifiesta una extensión política que sobrepasa el contenido de un texto, y la traslada al momento de su “puesta en escena” (digo puesta en escena entre comillas, ya que no estamos hablando aquí de textos dramatúrgicos cuya finalidad es ser representados. Estamos entendiendo aquí puesta en escena como el momento en que unx poeta o escritor/a se hace cargo de su obra frente a un público). Alzar la voz, literalmente, se torna así un gesto político que todx poeta debiese hacer suyo. 

Es tomando esto en cuenta que comienza el diálogo con la música, que para mí es siempre colaborativo, ya que no toco instrumentos. Las metodologías varían, no creo que exista una sola forma. Hay canciones que nacen de una improvisación, y eso va tomando forma después. Hay otras que se van armando en base a un concepto hablado previamente. Otras que nacen desde la voz y hay que armarles un colchón sonoro. El hecho de trabajar con un otro que compone la música permite ampliar el abanico de estilos, y eso también me interesa. El diálogo que se genera es riquísimo. De esta manera convergen distintas influencias que van llevando como hilo común la voz.  

4. ¿Qué de la tradición poética y qué de la tradición musical de Chile y el mundo establecen las bases de influencia de tu trabajo? ¿Por qué?

Un montón y muy disímiles unxs de otrxs. Desde la declamación poética me influencian la poeta palestina Rafeef Ziadah, Pablo de Rokha, Stella Díaz Varín, por nombrar algunxs. Desde la escritura imposible no nombrar a Mahfoud Massís, a Elvira Hernández, Rafael Rubio, o Angélica Lidell, Ileana Diéguez y Nona Fernández. Desde la música el espectro se vuelve más ecléctico. Pienso en Víctor Jara y en Eterna Inocencia, pienso en Nick Cave y en Los Ángeles Negros o Violeta Parra. Pienso en Chavela Vargas y RATM, en Gabo Ferro y Tracy Chapman. Desde el punk al flamenco. Creo que quienes influyen en mi trabajo tienen en común la urgencia con la que conciben su oficio. Cada unx en su materia deja ver un sentir genuino que traspasa los distintos lenguajes y conmueve a quien escucha. No se puede quedar indiferente ante ellxs.  

5. ¿Cuándo te diste cuenta que queriai dedicarte a escribir y a cantar?

Desde chico que he estado en bandas, escribiendo letras y cantando. Pero tal vez el punto de inflexión llegó con la formación de Errante el 2014, junto a Rodrigo Pereira, Paloma Soto, Antonio Sotomayor (+) y Juan Morel, con quien seguimos tocando juntos. Con Errante  grabamos el EP “Desbautízame”, que acompañó mi segundo libro, publicado el 2015. Esta experiencia fue clave para tomar la decisión de dedicarme a esto definitivamente, a profundizar la relación música y poesía, y a decantar nuevas formas y procesos. En el caso de la escritura, esa decisión no la tomé yo, estuvo siempre.

6. ¿Qué significó para tu formación poética haber estudiado literatura? ¿Cercenó algo? ¿Potenció algo?

Me ayudó a conocer un montón de autorxs que de otra forma me hubiese demorado siglos en conocer. Evidentemente el estudiar una carrera que se dedica a pensar el lenguaje en sus diferentes niveles ayuda a abordarlo desde distintas perspectivas y con mayor, creo que eso fue un tremendo aporte. Pero aquí nace la paradoja: cuando menos escribí poesía fue mientras estudié literatura.

7. ¿Qué papel juega la poesía en los cambios políticos y sociales desde tu perspectiva como poeta activista? y ¿Cómo se ve reflejado lo que pensai al respecto en tu propio trabajo poético y musical?

Sería muy inocente si creyera que la poesía puede cambiar algo. Me encantaría, pero no es así. También puede ser pretencioso asignarle o exigirle un papel protagonista en tiempos de hambre. Aun así, por ser mi oficio, es también mi trinchera. Me cuesta entender una literatura sorda a su contexto. No podría separar mi trabajo poético de mi labor activista, ya que ambos se nutren entre ellos. Creo que le sienta bien ser un zumbido que no deja dormir en paz a los llenos. En el contexto de la revuelta de octubre, así como distintas formas de expresión artística se volcaron a la calle, mi forma de apoyar fue a través de mi poesía y música, apañando en villas y en cuanta actividad se levantó desde los barrios, pero entiendo también que no es la única forma de estar. A veces, más de las que se quiere, hay que estar preparado para agarrar una piedra o prender una barricada, y ahí la poesía es secundaria. 

8. ¿Qué simboliza La última cena de los buitres y qué significa ese trabajo en tu vida artística?

La última cena de los buitres siempre fue concebida como un velorio para la clase explotadora. Una especie de sentencia a un modelo neoliberal que solo ha traído precarización, individualismo extremo y hambre. El disco es una invitación a otras lógicas, a otras formas de relación, a no perder la memoria. El proceso de grabación implicó aprender nuevos procesos, viajes, conversaciones, pruebas y errores. También marcó para mí la consolidación de una idea de trabajo, más allá de que el disco vaya firmado con nombre de solista: lo colaborativo como parte esencial de mi vida artística. Creo además que alcancé una maduración en cuanto a interpretación y me hizo más consciente de las posibilidades vocales que se abren en un texto poético al momento de musicalizarlo. Sin duda, existe un antes y un después en mi vida gracias a este disco. 

Escucha y/o descarga La última cena de los buitres AQUÍ

Por Sello Precario


Publicado por Sello Precario

Más que un sello, una plataforma digital de difusión con enfoque crítico sobre la estandarización en la música.

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