Isma Rivera toma la palabra a un año y medio de “La última cena de los buitres”

Hablamos con Isma Rivera, poeta y cantor detrás del celebrado disco La última cena de los buitres (2019). Trabajo que vino a inaugurar el año pasado una de nuestras colecciones de discos precarios favoritas, “Cuerda Vocal”, dedicada a discos que cruzan música y poesía o que musicalizan poemas.

1. A año y medio del lanzamiento de La última cena de los buitres ¿Qué recordai del proceso de gestación del disco? ¿Podríai relatarnos cómo fue con lujos y detalles?

Tras la propuesta de grabar un disco como solista que me hace Daniel Jesús Díaz, artista y músico detrás del estudio andante “La pieza oscura” y de propuestas como Ramírez Neira, comenzamos a ver cuánto material había como para hacer un disco. Parte de este se fue definiendo en el proceso mismo de grabación, cuando logramos encontrar el concepto que queríamos abordar. Por el hecho de ser parte de la colección “Cuerda Vocal” de Sello Precario, la propuesta fue darle a la voz la labor de médula sonora. A partir de esta idea, la selección de las canciones a trabajar fue dándose de forma orgánica. Fue el caso de “La Tormenta”, poema de Rafael Rubio musicalizado por Daniel con anterioridad, que decidimos incluir en el disco. O la creación de “A mí también me duele Chile”, la cual se cuajó en un viaje a Copiapó para finalizar las grabaciones, tras haber discurrido en la idea de grabar un rap sin rima. El poema formaba parte de mi primer libro, del año 2010, y quería incluirlo sí o sí. Daniel creó una base rítmica en la guitarra y en dos tomas ya teníamos lo que terminarían siendo los cimientos de la canción. En el caso de “La última cena de los buitres”, la línea vocal era la única existente. Cristian Olea le creó una guitarra eléctrica y Juan Morel unas melodías en teclado para las sesiones en vivo de La Vitrola, pero otra cosa fue al momento de grabarla en el disco. Daniel compuso nuevos teclados y le agregó arreglos y bases rítmicas hasta transformarlo en esa mezcla entre The Smiths y Los Ángeles Negros. Así, cada canción se fue armando como una sucesión de colaboraciones, influencias diversas, y diálogos que fueron enriqueciendo el sonido. “Impostores sustitutos”, tema que cantaba originalmente con Errante, en la versión del disco se asemeja mucho más a una tonada campesina que a un vals rockero. El color de cada canción fue trabajado en base a lo que se quiso transmitir conceptualmente, entendiendo las influencias de cada uno de sus participantes. De ahí el sonido heterogéneo que habita el disco.

2. ¿Podríai relatarnos también cómo el disco se transformó en un concierto multidisciplinar?

Fue un proceso intenso, sin duda, pero muy especial. Un trabajo colectivo al que se fue sumando gente desde que se concibió la idea: hacer una pieza que incorporara elementos teatrales, musicales y poéticos. Esto implicó comenzar a buscar un equipo que pudiese llevar a cabo esta propuesta, y algo no menor, un espacio adecuado. Daniel Jesús Díaz, principal compositor y productor del disco, se hizo cargo de la dirección musical. Maritza Farías, actriz, directora y activista feminista, guió la dirección escénica. Gabriela González realizó la iluminación y diseño. Maximiliano Gómez se encargó del sonido y Santiago del Valle, colega músico, hizo de técnico en escenario. Javiera Vío tomó el rol de producción el día del concierto. Mientras este equipo iba tomando forma, fuimos viendo espacios que permitieran una cantidad importante de espectadores y albergaran de la mejor forma posible la puesta en escena. El Anfiteatro Bellas Artes se transformó así en una obsesión y decidimos correr el riesgo. Autogestión y trabajo colectivo fue la consigna. Teníamos que llenar el teatro sí o sí. 

En la parte musical, comenzamos los ensayos a distancia. Daniel, desde Copiapó, nos mandó sus pistas. Con Juan, el otro integrante de la banda, tocamos así durante dos semanas, hasta la llegada de Daniel. Una vez juntos, comenzamos a ensayar con el guión que nos pasó la Mari, el que incluía desplazamientos y acciones. Se sumó también la actriz y cantante Carla Gaete, acompañándonos en tres canciones. Paralelo a esto, el Sello preparaba las copias del disco, todo hecho a mano y todo el equipo avanzaba en cada detalle. La venta de entradas fue por los canales del Sello, redes sociales y la siempre amiga Librería Pedaleo. 

Al Anfiteatro tuvimos acceso el mismo día del concierto, a las 3 de la tarde, haciendo la previa un poco caótica. Comenzamos temprano junto a Tomás Ahumada, quien se puso con el flete, yendo a buscar los equipos y la escenografía. El resto fue darle materialidad a lo que había comenzado a gestarse unos meses antes. Creo que haber trabajado junto a un equipo de tanta experiencia y con tan alto nivel de compromiso permitió que todo resultara bien. El resto ya se sabe. Ese día el Anfiteatro se llenó. A veces se olvida la cantidad de personas que hay detrás de un concierto, muchxs se quedan con quienes aparecen en el escenario. La verdad es que cada unx de quienes se hicieron parte de La última cena de los buitres fue fundamental. 

Presentación en anfiteatro Bellas Artes, Santiago de Chile (31 de enero de 2019)

3. ¿Podríai explayarte en la relación poesía y música de tu propuesta? ¿Cuál es tu autopercepción de la misma? ¿Hay una o varias metodologías de trabajo?

Hace varios años, en una conferencia que daba Maturana en la Quinta Normal, le preguntaron por el lenguaje como parte del proceso autopoiético del ser humano, el lenguaje como formador de naciones y tradiciones. La necesidad de comunicar para reafirmar la existencia, el Yo proyectado en relación, materializado. Respondió el biólogo que las palabras literalmente nos tocan, que el sonido viaja en ondas que nos atraviesan y que tocan nuestros oídos. De esta forma, la audición derivaría del tacto, y nuestros oídos serían herencia de las agallas que los peces poseen y que les permiten percibir las vibraciones del agua. Esta idea me quedó grabada y desde ahí empecé a concebir la declamación, a la cual no separo del cante, ya que comparten origen con la poesía. Me interesa trabajar la voz desde el borroneo de la frontera entre la palabra hablada y el cante, difuminar sus límites a partir de lo que el texto va pidiendo. Trabajo a sabiendas de que las palabras tocarán los oídos de quienes escuchen. Me interesan las posibilidades de la oralidad. No creo casual que la dimensión oral de un texto cobre mayor relevancia en lugares en que la opresión es pan de cada día. Es aquí donde se manifiesta una extensión política que sobrepasa el contenido de un texto, y la traslada al momento de su “puesta en escena” (digo puesta en escena entre comillas, ya que no estamos hablando aquí de textos dramatúrgicos cuya finalidad es ser representados. Estamos entendiendo aquí puesta en escena como el momento en que unx poeta o escritor/a se hace cargo de su obra frente a un público). Alzar la voz, literalmente, se torna así un gesto político que todx poeta debiese hacer suyo. 

Es tomando esto en cuenta que comienza el diálogo con la música, que para mí es siempre colaborativo, ya que no toco instrumentos. Las metodologías varían, no creo que exista una sola forma. Hay canciones que nacen de una improvisación, y eso va tomando forma después. Hay otras que se van armando en base a un concepto hablado previamente. Otras que nacen desde la voz y hay que armarles un colchón sonoro. El hecho de trabajar con un otro que compone la música permite ampliar el abanico de estilos, y eso también me interesa. El diálogo que se genera es riquísimo. De esta manera convergen distintas influencias que van llevando como hilo común la voz.  

4. ¿Qué de la tradición poética y qué de la tradición musical de Chile y el mundo establecen las bases de influencia de tu trabajo? ¿Por qué?

Un montón y muy disímiles unxs de otrxs. Desde la declamación poética me influencian la poeta palestina Rafeef Ziadah, Pablo de Rokha, Stella Díaz Varín, por nombrar algunxs. Desde la escritura imposible no nombrar a Mahfoud Massís, a Elvira Hernández, Rafael Rubio, o Angélica Lidell, Ileana Diéguez y Nona Fernández. Desde la música el espectro se vuelve más ecléctico. Pienso en Víctor Jara y en Eterna Inocencia, pienso en Nick Cave y en Los Ángeles Negros o Violeta Parra. Pienso en Chavela Vargas y RATM, en Gabo Ferro y Tracy Chapman. Desde el punk al flamenco. Creo que quienes influyen en mi trabajo tienen en común la urgencia con la que conciben su oficio. Cada unx en su materia deja ver un sentir genuino que traspasa los distintos lenguajes y conmueve a quien escucha. No se puede quedar indiferente ante ellxs.  

5. ¿Cuándo te diste cuenta que queriai dedicarte a escribir y a cantar?

Desde chico que he estado en bandas, escribiendo letras y cantando. Pero tal vez el punto de inflexión llegó con la formación de Errante el 2014, junto a Rodrigo Pereira, Paloma Soto, Antonio Sotomayor (+) y Juan Morel, con quien seguimos tocando juntos. Con Errante  grabamos el EP “Desbautízame”, que acompañó mi segundo libro, publicado el 2015. Esta experiencia fue clave para tomar la decisión de dedicarme a esto definitivamente, a profundizar la relación música y poesía, y a decantar nuevas formas y procesos. En el caso de la escritura, esa decisión no la tomé yo, estuvo siempre.

6. ¿Qué significó para tu formación poética haber estudiado literatura? ¿Cercenó algo? ¿Potenció algo?

Me ayudó a conocer un montón de autorxs que de otra forma me hubiese demorado siglos en conocer. Evidentemente el estudiar una carrera que se dedica a pensar el lenguaje en sus diferentes niveles ayuda a abordarlo desde distintas perspectivas y con mayor, creo que eso fue un tremendo aporte. Pero aquí nace la paradoja: cuando menos escribí poesía fue mientras estudié literatura.

7. ¿Qué papel juega la poesía en los cambios políticos y sociales desde tu perspectiva como poeta activista? y ¿Cómo se ve reflejado lo que pensai al respecto en tu propio trabajo poético y musical?

Sería muy inocente si creyera que la poesía puede cambiar algo. Me encantaría, pero no es así. También puede ser pretencioso asignarle o exigirle un papel protagonista en tiempos de hambre. Aun así, por ser mi oficio, es también mi trinchera. Me cuesta entender una literatura sorda a su contexto. No podría separar mi trabajo poético de mi labor activista, ya que ambos se nutren entre ellos. Creo que le sienta bien ser un zumbido que no deja dormir en paz a los llenos. En el contexto de la revuelta de octubre, así como distintas formas de expresión artística se volcaron a la calle, mi forma de apoyar fue a través de mi poesía y música, apañando en villas y en cuanta actividad se levantó desde los barrios, pero entiendo también que no es la única forma de estar. A veces, más de las que se quiere, hay que estar preparado para agarrar una piedra o prender una barricada, y ahí la poesía es secundaria. 

8. ¿Qué simboliza La última cena de los buitres y qué significa ese trabajo en tu vida artística?

La última cena de los buitres siempre fue concebida como un velorio para la clase explotadora. Una especie de sentencia a un modelo neoliberal que solo ha traído precarización, individualismo extremo y hambre. El disco es una invitación a otras lógicas, a otras formas de relación, a no perder la memoria. El proceso de grabación implicó aprender nuevos procesos, viajes, conversaciones, pruebas y errores. También marcó para mí la consolidación de una idea de trabajo, más allá de que el disco vaya firmado con nombre de solista: lo colaborativo como parte esencial de mi vida artística. Creo además que alcancé una maduración en cuanto a interpretación y me hizo más consciente de las posibilidades vocales que se abren en un texto poético al momento de musicalizarlo. Sin duda, existe un antes y un después en mi vida gracias a este disco. 

Escucha y/o descarga La última cena de los buitres AQUÍ

Por Sello Precario


Sobre “Príamo, aquí yacen los restos de Héctor” de Jorge Reinun

Antes que el mejor de los aqueos paseara el cadáver de Héctor y frente a la súplica decidiera entregar los restos del guerrero a su padre, este disfrutó una temporada en el gineceo de Licomedes. Una especie de club para doncellas en el que nuestro héroe, a modo de camuflaje, puso en práctica el travestismo. La idea era —según su propia madre— evitar la muerte de Aquiles en el campo de batalla, tal y como (previamente) había anunciado el oráculo. 

Digo esto a raíz del nombre que lleva el disco doble Príamo, aquí yacen los restos de Héctor (Sello Precario 2020) de Jorge Reinun (Buin-1986) y como recuerdo de la primera vez que lo vi tocar: lucía un vestido de encaje a mal traer, media moica, marcas de tinto y rimel a mitad del párpado. Semioscuras en un escenario sin banda, ni pedales, ni todas las cuerdas de una guitarra afinada al revés. Había rabia, eso sí, y bastante disonancia. Una metralla de palo descargando cólera sin culpa ni miramiento, cual venganza oculta a la vista de todos. Sin embargo también había amargura. Y por supuesto fatalidad.

Desde entonces —hace casi una década— Reinun guardó silencio, tomó distancia y mantuvo inéditos los 21 temas que componen esta producción a cargo del también músico Daniel Jesús Díaz (Ramírez Neira) y del propio cantautor.  Afortunadamente, poco o nada se perdió durante el registro. La crudeza del ruido barrial continúa intacta: botellas, ladridos, negación y rechazo, como si se tratara de un delicado elogio a la violencia. 

De este modo, el resultado es un disco donde el autor divaga. Se enfrenta a sí mismo. Canta para nadie. Evita sostener discurso ni lema alguno. Desafina. Habla con sus muertos. Se arrepiente. Y en medio del machaque y el rasgueo nos deja oír versos como: «mas ni una luz entre el negro se ve». Entonces, si la música posee la capacidad de afectar el ánimo y de alterar nuestra percepción del mundo, Príamo resulta un viaje visceral saturado de acoples folclórico-punketas. Un cargamento letrístico jugado en lo irremediable; pero ya no como suerte transada a cambio de un destino heroico sino como un crimen al que resulta imposible hacerle el quite: «No es mi esquina y no me esperan», diría Reinun. O como un viaje emprendido a tientas contra toda voluntad.

Por Juan Malebrán


Jorge Reinun habla de su nuevo disco a días de su lanzamiento

Este domingo 21 de junio a las 21 horas será lanzado digitalmente, a través de nuestra web, el esperado disco del autoproclamado padre de la antitrova, Jorge Reinun. Se titula Príamo, aquí yacen los restos de Héctor, y viene a reunir, en dos partes, ventiuna canciones compuestas entre el 2008 y el 2012.

Conversamos con el autor, compositor y artista visual nacido en Buin, residente actual en San Miguel, para ahondar en detalles previos al estreno de este domingo. Esto fue lo que nos dijo.

1. ¿Podríai contarnos cómo fue el proceso de grabación?

“De años, porque nunca me sentí cómodo con las buenas personas que intentaron ayudarme. Yo el año 2007 grababa mis canciones en un pendrive y me encantaba ese sonido, me gustaba sentir que era una especie de Daniel Johnston, que podía atraer oyentes no por la calidad de las grabaciones, sino por las canciones en sí. Se me introdujo en la lucha por ser más profesional y me perdí frustrado en mi incapacidad de poder atender a tal expectativa. En fin, me deshice de los especuladores cuando grabé “Introducción a la antitrova y nuevas fórmulas del fracaso comercial”, pasándome todos sus estereotipos VH1 por la raja, haciendo canciones largas, raras y con un sonido que emula más a una antigua vitrola que un moderno disco HQ. La idea de retomar la grabación de las antiguas canciones fue introducida por Daniel Jesús Díaz, alias Ramírez Neira, eterno colaborador desde la vez que le dije que se parecía a Roberto Bolaño. El año 2015, junto a él, fuimos a Colbún, a la casa de campo de su familia específicamente, con la meta de grabar el disco, obviando el detalle, no menor, de que hacía mucho frío. No podía concentrarme, nuestro sonidista solo quería fumar marihuana, y al final decidí deliberadamente emborracharme y hacer una versión del disco como si fuera de Ricky Espinosa. Hay registros de eso, fue un desastre, pero uno peor que Flema. Para no volver con el rabo entre las piernas, terminamos haciendo “Feo”, que fue un jam de un par de horas o más, que el mismo Ramírez Neira editó y convirtió en un disco que me parece magnífico, porque está todo improvisado, de principio a fin, ni siquiera nos mirábamos al tocar, estábamos absolutamente borrachos, recostados sobre nuestras guitarras. Estuvo bien por un lado, pero no hicimos lo que se supone que haríamos, grabar mi disco. No fue hasta que murió mi abuela que pudimos grabarlo, en dos sesiones de unas cuantas horas, en su pieza pequeña por la que se metían todos los ruidos del exterior, con su olor todavía ahí. Algunas canciones se grabaron en una toma, las repetíamos solo para comparar versiones, pero todo fluía como al principio cuando me daba lo mismo equivocarme o desafinar. Es un disco visceral, no esperen encontrarse con un Silvio Rodríguez. Sabía que tenía que ser en Buin, tenía esa impresión, que debía ser en Buin y envuelto en una atmósfera mortuoria, como cuando empecé después de que muriera mi amigo Felipe López, o cuando grabé “Introducción a la antitrova…”, en el tiempo en que murió mi amigo Arturo Reyes. Al final, hay cosas que no cambian”.

2. ¿Qué es la antitrova y cómo el disco viene a dar respuesta a dicho concepto con el que autodefinís tu trabajo, al menos el de ese periodo en el que compusiste todos los temas que lo integran?

“Si atendemos el contexto temporal, no fue más que una respuesta a “Gepinto” de Gepe y a “Pánico” de Manuel García, la antitrova era mi versión latinoamericanista del punk rock, rabiosa, visceral, fea, entonces para mí todos los trovadores eran una mierda radial con compromiso de cartón, con letras poco comprensibles o que gustaban de hablar contra el gobierno, pero hacerles canciones a sus pololas. Con el tiempo mi concepto fue transformándose en otra cosa, en un manifiesto de principios poéticos, con una estética jocosa, un chiste, pero uno muy bueno, que no podía dejar de burlarse de los trovadores, pero que puede sostenerse sin la necesidad de recurrir a ellos, porque es una propuesta lírica independiente. El disco sale ahora, el año 2020, y todo ese resentimiento ya no existe, porque no me interesa, conversé una vez con Manuel García en Llo Lleo, y fue más que amable, hablamos de la antitrova de hecho, muy simpático la verdad, me dio su número para que lo llamara, pero lo perdí, me quedé dormido en una acequia borracho hasta el coxis y me robaron el celular”.

3. ¿Qué relación hay entre el nombre del disco, el contenido de las canciones mismas, tu nombre artístico y la antitrova?

“¿Relacionado como un rizoma? Ninguna, el nombre del disco es por Héctor Hidalgo Escalona, que es la persona que me dio la vida, pero que después quiso deshacerse de mí, pero al final yo lo maté. Soy Aquiles en esta historia. El nombre del disco es mi grito de victoria, Héctor no quería esto, porque es un cobarde, cada intento fallido por grabar el disco era él, diciéndome que no éramos tan buenos. No hay nombre artístico, somos dos personas diferentes”.

4. ¿Por qué lanzar ahora un disco con canciones que fueron compuestas 10 años atrás entre el 2008-2012?

“¿Por qué no? ¿Qué ha pasado en 10 años? Hasta el presidente es el mismo que estaba en mis tiempos mozos, nada ha cambiado realmente”.

5. ¿Cómo y por qué surgió la idea de grabar este disco doble en tiempos donde todo parece exigir modos más compactos y rápidos de digerir contenido?

“Me extendí mucho en la primera pregunta, entonces siento que todo lo que diga puede tener que ver con eso, porque es así, fueron muchos años y quiero cerrar todo de una vez, no me interesa si las canciones o el disco son muy largos. Si pasara algo con él sería porque llegó el momento de cambiar las reglas de lo que puede venderse en el mercado o no, si nada pasa es porque no es su momento, pero no estoy dispuesto a arruinar mis canciones o la idea que tengo de cómo deshacerme de ellas solo por figurar un tiempo entre las figuritas de la música popular. De todas maneras, no fue meter todo y ya, porque algunas canciones quedaron fuera. Al momento de ser grabadas creímos que habían quedado bien, pero nos equivocamos, estaban mal y no pueden estar en un disco que es bueno, es así de simple”.

6. ¿Por qué usai una guitarra con 5 cuerdas y en diferentes afinaciones? ¿Hay una relación entre tus afinaciones y las trasposiciones de guitarra usadas por cantores y cantoras del campo chileno?

“La guitarra la uso al revés porque quise aprender a tocar como zurdo, por un recuerdo de haber sido zurdo de niño y de un accidente que me obligó a cambiar de mano, como una necesidad de reencontrarme con mi infancia y mis orígenes. Cuando intento rememorar lo que pasó, solo veo sangre y un viaje al hospital con mi mamá en la camioneta del vecino. En todo caso, mis amigos creyeron que mi decisión se debía a que quería ser como Kurt Cobain y, por supuesto, que esa es la verdad, aunque prefiero la otra versión. Pues bien, como no pude cumplir con mi objetivo, además de estar en esa etapa de la adolescencia en la que tocas todo el día sin parar (también conocida como cesantía o vagancia), continué practicando con la guitarra al revés. Cuando se me cortó la cuarta cuerda no tenía plata para comprar otra, y yo solo quería hacer y hacer canciones, porque sentía que mi vida dependía de ello, que moriría si no lo hacía. Para cuando pude reponer la cuerda ya había compuesto tres o cuatro canciones, que no sonaban bien con ese Re entre medio, cagaban todo. Respecto al tema de trasponer la guitarra, eso no guarda relación alguna con el folklore, partió en primer lugar con una pataleta que me dio porque no podía afinar la guitarra, entonces comencé a bajar la sexta hasta que se convirtió en un La. Cuando ocurrió eso pensé en Sonic Youth, de ahí jugué un rato con la afinación hasta que dejé la sexta y la tercera en La. Un tiempo toqué con una guitarra de tres cuerdas, donde predominaban los dos La más un Mi de la primera cuerda, me sentía muy creativo y capaz de hacer canciones con cualquier cosa, pero todo desde la ingenuidad y la ignorancia. La verdad es que lo mío siempre tuvo que ver con el punk rock, pero necesitaba hacerlo mío, distinto a Ramones o Black Flag, aunque con la misma intensidad. Violeta Parra jugó un papel fundamental en la construcción del sonido que quería, por sus “anticuecas”, de hecho, de ahí sale la idea de crear la antitrova”.

7. ¿Cómo relacionai tu obra musical y visual en este trabajo? Si es que hay una relación.

“Son disciplinas distintas, pero para mí todo se trata del arte, soy artista cuando hago música o cuando escribo o cuando dibujo. Tratándose de lo visual, normalmente soy Vitius, que es el apodo que me pusieron unos amigos del Peda, aunque Vitius también llega a ser una figura independiente, J. Vitius Reinun se hace llamar, porque me respeta, también escribe, pero yo hago la música y canto, dirijo el barco, el único que no es bienvenido en la cubierta es Héctor, nos gusta que esté subterráneo en su nicho o en su casa con su familia. No es un mal tipo, ¿sabes? pero simplemente no me cae bien. Me gusta pensar que nada tuvo que ver en la realización del disco, pero sabemos que eso no es cierto, porque Héctor soy yo, ¿sabes? Gracias”.

Por Sello Precario


Anticristo de Jorge Reinun

Jorge Reinun acaba de lanzar el tercer adelanto audiovisual del disco Príamo, aquí yacen los restos de Héctor, video que en palabras del propio antitrovador “es protagonizado por el maligno búho de origami, Príamo, quien viene a representar la muerte de la fe. Hipérbole musical sobre los sentimientos que afloran en un católico, cuando siente que ha sido engañado, y que decide revelarse”.

La dirección y realización estuvo a cargo de J. Vitius Reinun (con la colaboración de Violletta Pérez H. en luces y cámara, y Rafaella Villagrán, en la co-creación del maligno búho de origami Príamo).

Aporta líbremente por este trabajo audiovisual haciendo click en el ícono de Portaldisc.

Por Sello Precario


¿Qué es Sello Precario?

Sello Precario es una madeja de aparentes contradicciones, porque más que solo un sello discográfico es una plataforma digital que tiene como meta difundir y distribuir música de artistas que nos gustan o que por sus propuestas estéticas están en constante tensión con los paradigmas de la “industria musical”.

Planteamos un modo de trabajo de apoyo a los artistas desde una óptica fraterna, es decir, no somos sus representantes, sino sus aliados. Los asesoramos, por un lado, en aspectos laborales, y curamos parte de su obra para difundirla y distribuirla digitalmente, por otro, a través de la formación de colecciones de discos, videos musicales, libros y conciertos de acceso libre. Sin embargo, estos son libres de editar y hacer copias de discos por su propia cuenta o celebrar contratos con quienes quieran, incluso otros sellos o plataformas. Nosotros solo editamos copias de discos en contadas ocasiones como campañas donativas o eventos de lanzamiento.

Nuestra meta, entonces, es enfocar el trabajo de difusión y distribución de las colecciones a periodistas especializados, melómanos acérrimos, curadores de festivales, organizadores de eventos, productoras audiovisuales, entre otros, contribuyendo a la creación de comunidades musicales robustas y recíprocas en torno a los artistas.

El proyecto comenzó a macerarse el 2018 en Chile, cuando, por casualidad, escarbando en cachivaches caseros, encontramos una copia de un compilado titulado “La otra vereda” que contiene canciones de Ramírez Neira y Jorge Reinun, dos artistas que nos gustan mucho. Se trata de un trabajo que fue publicado el 2011 por nuestros amigos “cochalas” de Yerba Mala Cartonera de Bolivia en formato de libro/disco cartonero, una versión muy bonita hecha a mano que tuvo dos ediciones limitadas y de la que hay copias repartidas por varias partes del mundo. Ese trabajo dio pie el 2012 a un sello homónimo que tenía como finalidad transitar por la otra vereda de la industria, el que tuvo una breve circulación por ciudades como Cochabamba, Iquique, Santiago y Valparaíso.

Ese redescubrimiento, casi como un capricho, una casualidad o un recordatorio, fue el primer impulso para crear una nueva plataforma que también ironizara con el mundo de la llamada “industria” musical, pero que lo hiciera en serio como un ejercicio crítico y apuesta educativa al mismo tiempo. Como un intento testarudo de mostrar que las cosas pueden caminar por otra vereda radicalmente contraria, pero capaz de dialogar a la vez con esa “industria”, poniendo en duda sus estándares comerciales. Esto porque sentimos que muchas veces por boca de parte de la misma “escena” musical chilena y latinoamericana circula un discurso anticapitalista, aún cuando esta misma sigue usando los modos de intercambio propios de la industria más perversa, esa que estandariza y extrae todo para vender a toda costa, esa que busca poco menos que adoctrinar al “público”, transformándolo en un fanático listo para comprar lo que sea, y no en un aliado o compañero integrante de una comunidad que se comparte música y se retribuye por sentido de reciprocidad, no por leyes de oferta y demanda.

La verdad es que detestamos todo lo que tenga que ver con conceptos como “emprendimiento” o “industria”. Respetamos a quienes van por ese camino, pero nosotros preferimos trabajar bajo otra fórmula, más imperfecta, anteponiendo antes que todo, antes que cualquier intercambio comercial, el carácter social y humano de la música.

En base a lo anterior, nos interesa desarrollar nuestra labor a un ritmo pausado, sin presiones ni grandes pretensiones, con la paciencia de los artesanos. Nada de lo que realizamos, por tanto, entra en la lógica industrial, puesto que no buscamos hacer lo que hacemos en serie, sino en serio, pero con las imperfecciones propias del trabajo hecho a mano, porque esa irregularidad es la responsable de la belleza y del carácter único de las cosas. O al menos eso es lo que pensamos como filosofía de vida y eso buscamos también en la música y en los artistas que terminamos apoyando.

Por eso, decir que difundimos y distribuimos música precaria no es menospreciar la obra de los artistas con los que colaboramos, incluidos aquellos que de alguna manera nos inspiraron para crear este proyecto, sino todo lo contrario. Significa aterrizar la música y el trabajo en torno a ella a lo humano, al error, a la espontaneidad como valor positivo.

Por lo anterior, tampoco es que nos dediquemos a la gestión cultural pura y dura, sino más bien a la artesanía musical y artística, apoyando y difundiendo procesos creativos de artistas que nos gustan, que tienen una voz propia, al menos desde nuestra óptica.

No sabemos hasta dónde nos vaya a dar la cuerda eso sí, ni en qué lugar del planeta nos pille el fin del mundo. No hay ningún plan mega pensado sobre lo que nos deparará el futuro, por tanto. De momento, sin la urgencia de nada y con el equipo pequeñito que somos, solo queremos seguir apañando con cabeza y corazón música que sale de la guata no más.

Por Sello Precario